domingo, 8 de enero de 2017

Familias

Hace unos días veía una serie de televisión estadounidense. Una de las protagonistas era una madre de mediana edad que disfrutaba del sexo, de cocinar, una mujer compulsiva y agorafóbica. Su marido, un hombre profundamente religioso, cree que la enfermedad de su mujer es una actuación, y su hija le avergüenza porque disfruta de su sexualidad y su propio cuerpo, así que un buen día decide irse de casa. 

Madre e hija disfrutan de la ausencia de este hombre. Ambas continúan su vida, la madre encuentra a otro hombre, este tipo es un vividor y un mentiroso pero se adapta a la vida de estas mujeres para estar cómodo y no esforzarse o trabajar. un día el marido regresa a vivir en el sótano, e intenta arreglar las diferencias con su hija y su ex-mujer, y empiezan a coexistir en el mismo espacio ellos cuatro.  

Lo que más tristeza me produjo de esta familia fue una escena en la que ésta mujer está intentando dar pasos fuera de la casa porque hay una reunión de padres en la escuela y ella quiere ir a escuchar lo que dicen los profesores de su hija. Sin embargo no logra salir de casa, porque la vida es así, a pesar de todo el esfuerzo, algunas cosas no se logran. Por lo que se ve en la serie, esta mujer ama a su hija profundamente y aunque no quiere decepcionarla, ni dejarla sola, su problema es más profundo. 

Hoy durante la mañana, mientras me bañaba pensaba en esa escena, en esa familia y a la vez pensaba en otra familia, la del libro que estoy leyendo. Una familia con un padre que ante la sociedad es la representación de la bondad, lo justo, el hombre tocado por la piedad y la santidad, pero que en el interior de su familia es un completo monstruo porque arrancó de la vida de su familia el amor, las risas, la libertad y la compasión, y lo sustituyó por una fe inhumana. 

Decía Tolstoi que todas las familias felices se parecen entre si, pero las familias infelices lo son todas a su manera. Pienso hoy en mi familia, en las charlas, las risas, los malentendidos, las discusiones y se me vienen a la cabeza las miles de familias en las que he vivido, los miles de niñas o niños que he sido, los cientos de padres y madres que he representado. 

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