jueves, 30 de marzo de 2017

29 de marzo

Aún en los entornos más violentos hay espacio para la bondad y el amor.

- Diablos, lloro tanto que a veces siento que me volveré gotas.
Moonlight

miércoles, 22 de febrero de 2017

Anoche

Anoche tenía miedo de ir a dormir, anoche pensaba que iba a morir. Esta mañana al abrir los ojos pensé que cuando morimos es probable que no lo sepamos y continuamos viviendo como si lo estuvieramos. ¿Cómo saber si en realidad había muerto? 

lunes, 13 de febrero de 2017

Esto no es un poema

Quería escribirte un poema de esos que riman y en el que el autor se desagarra el corazón con cada palabra, pero recordé que no te lo mereces, no mereces que muera por vos. 

Recordé que a tu lado fui infeliz, que me moría de aburrimiento con cada historia que me contabas y que odiaba que siempre pensabas que todo giraba alrededor de ti. Recordé que estaba a tu lado para no sentirme solo.

Recordé que me sentía cada vez peor cuando te veía, odiaba de ti que nunca escuchabas y que no supieras que necesitaba caminar a tu lado sin decir ni una palabra, pero nunca te callabas. 

Esto no puede ser un poema porque desde que no estás me siento mejor, veo que el sol brilla y que el cielo es azul. Y más que nada, esto no es un poema porque nunca te amé.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Bloquear

Las redes sociales han modificado la forma en que socializamos. He visto casos de personas que no son capaces de hablar cuando tienen a alguien al frente, cara a cara, pero que cuando están en el chat son unos conversadores de primera categoría. 

En lo personal, no me gusta ni se me da bien chatear, soy de esos románticos que le encanta que lo inviten a tomar café y charlar por horas sobre cualquier tema (en especial si hablamos de libros y películas).

Hace unos días en una red social puse un mensaje donde hacía gala de una falsa indignación con un mensaje que había recibido en un vídeo, decidí compartirlo y en el hablar de unos puntos que son muy serios y que las personas deberían saber (parece tonto tener que aclarar esos puntos, pero es que hay personas que no se enteran), una especie de reglas y derechos que tengo en mis redes sociales (porqué son mías y así las manejo).

Lo que dije fue lo siguiente:

1. Nadie los obliga a ver mi contenido. 
2. No te pedí una sugerencia. 
3. Si vas a hacer una crítica que sea constructiva.

Hubo por allí un listillo que contestó mi mensaje. La cosa es que es una persona que se ha vuelto un pesado con sus comentarios, y lo tenía silenciado para evitar conflictos innecesarios y porque cuando ingreso a mis redes sociales lo hago para estar cómodo. Tomé la resolución de bloquearlo porque es estúpido ser tolerante con alguien a quién no soportas y porque en redes sociales existe esa opción. Es una pena que cara a cara aún no podamos bloquear a los pesados. 

domingo, 15 de enero de 2017

La risa

Reírse es una de las sensaciones más placenteras que conozco, probablemente se deba a que no es muy usual que me ría a carcajadas. Envidio a quienes ven cualquier meme chiste en redes sociales y se pueden reír con el contenido y el significado, yo los veo y no me genera risa, algunas veces finjo que me causa gracia porque la persona que me envía el meme o me lo muestra, es alguien a quién aprecio (Creo que es lo que esa persona espera de mi y sólo así siento que es una forma de complacerla). 

En Colombia existen algunos programas de humor de los que suelo pasar, los chistes que hacen acuden a lo fácil y lo simplista, a veces al uso de ambigüedades para hacer reír, en otras ocasiones en lo absurdo y lo ridículo, sea cual sea la razón, a mi me aburren esos programas, simplemente disfruto de otro tipo de humor.

En mi familia suelo reírme mucho, me gustan los juegos de palabras que hacemos, los dichos que pasan de generación en generación, las canciones que se cantan en el momento preciso para hacer reír. Creo que lo que más nos hace reír son esas anécdotas sin gracia que nos recuerdan nuestra historia en común, ese pasado que nos avergüenza, esas cosas de niños que nos recuerda el paso del tiempo.

En cuanto a los humoristas y graciosillos, no son de mi completo agrado, pero los dejo ser y admito que me encanta ver a las personas riendo con lo que dicen estos personajes tan singulares. 

martes, 10 de enero de 2017

Testigo

Hace unos días terminé de ver una serie que me recomendó una amiga. Está basada en una serie noruega, en las últimas semanas he notado que los noruegos tienen unos programas de televisión muy interesantes y muy de mi gusto. 

La serie se llama Eyewitness, se desarrolla en un pueblo llamado Tivoli, Philip es un chico que vive con una familia de acogida, Gabe y Helen. Helen es la alguacil del pueblo. Por otro lado tenemos a Lukas, quién vive con su padre,le gusta el motocross y a pesar de lo que intenta demostrar, es un chico sensible (a veces no lo parece). Un día Philip y Lukas se van juntos en la moto al bosque, el primero a grabar los trucos que hace el segundo. Ambos terminan en la cabaña del padre de Lukas, se van a beber a escondidas y hablar de las piruetas (no le hallé mucho sentido a eso, pero quién soy yo para juzgar). 

Philipe le confiesa a Lukas que es gay e intenta besarlo, sin embargo, Lukas lo rechaza y luego es él quien decide besar a Philipe. La escena se torna intensa para ambos pero se ven interrumpidos por un auto que llega a la propiedad. Los chicos se esconden y observan que llegan cuatro hombres, a uno de ellos lo sacan del baúl del carro. En la cabaña presencian como el hombre del baúl mata a los otros tres hombres. Lukas y Philipe logran escapar de la cabaña tras noquear al asesino. Ellos dos prometen no decir ni una sola palabra de lo acontecido porque eso sería rebelar dónde y qué estaban haciendo en la cabaña.

Philip (izquierda) y Lukas (derecha)
Esta serie cuenta con diez capítulos en su primera y hasta el momento única temporada, a lo largo de esta vamos conociendo poco a poco a cada uno de los personajes que interviene. Conocemos el pasado de Helen y entendemos a este personaje que durante la mayor parte de la serie me desconcertó por su métodos y manías. Conocemos a Lukas y su miedo a hacer frente a lo que siente y las maneras en que intenta ocultarse, lo manipulador que es y hasta sus miedos (el actor que lo interpreta le mete mucha animo a la actuación pero a mi no me termina de convencer). Conocemos por supuesto a nuestro asesino, quién es un personaje muy complejo dentro de su simplicidad. 

Esta serie no trata simplemente sobre los chicos y el asesinato en el que están inmiscuidos, gira en torno a temas como la adolescencia, lo difícil que resulta aún el amor entre personas del mismo sexo (a pesar de que se supone que superamos la edad media hace unos cuantos años), sobre la familia, la confianza, el pasado y la redención. 

La serie me gustó porque desde el principio sabemos que los protagonistas son homosexuales y es necesario tener más personajes así, que sean protagonistas. Un plus de la serie es que te dan muchos datos para ir atando cabos e intentar comprender que es lo que pasa, en algunos momentos se vuelve frustrante pero los últimos capítulos están llenos de emoción. El final me ha encantado (algo a lo que no estamos acostumbrados)

lunes, 9 de enero de 2017

Noche

Había muchas luces encendidas pero pocas personas, caminé un poco más aprisa mientas me acariciaba los brazos con mis manos para entrar en calor, era una noche fría de esas en las que parece que el mundo se ha tragado a todo y a todos. Debía caminar hasta el paradero que quedaba a cuatro calles. Un desasosiego me invadía y la tristeza se apoderaba de mi. Cuando miraba mi reflejo en las ventanas de las casas, veía a un desconocido en mi cuerpo, unos ojos apagados, unos labios me mostraban una sonrisa falsa, de esas que intentan mostrar alegría pero que en el fondo están cargadas de penas. 

Ese día me había levantado temprano, me desperté cuando aún estaba oscuro, no quería hacerlo, odiaba ir a ese trabajo, odiaba a los dueños de la empresa, odiaba a mis compañeros. A pesar de todo me gustaba el silencio de la oficina cuando estaba solo, o la hora del almuerzo en que salía a caminar. Disfrutaba cuando me envían a algún lugar porque aprovechaba para caminar por la ciudad, gastaba horas caminando. Una vez caminé desde el aeropuerto hasta la oficina, fueron horas en las que me embriagaba con el ruido y los olores de la ciudad, me sentía libre y feliz, sin cargas ni penas. 

Durante todo el día sentía un frío que calaba en mis huesos, usaba una chaqueta bajo mi uniforme de trabajo. A veces salía al patio a tomar el sol en un intento por calentarme pero nada parecía funcionar. Me sentía en ese sitio incomodo, fuera de lugar, una parte de mi me había abandonado. Me sentía desdichado. 

Ese día había llorado como cuando era niño, las lágrimas corrían por mi rostro sin poderlas detener, desde mi garganta se iba formando un nudo que quería salir en forma de grito, si lo hubiera hecho me habría sentido libre pero lo ahogué en forma de llanto y jadeos, mis rodillas tocaron el suelo,  la fuerza me abandonó, me abracé a mi mismo como mi madre lo hacía cuando tenía miedo a ir a dormir, me quedé allí por horas. 

Unos días antes había llorado igual, pero la diferencia era que alguien me había visto. S se ofreció ese día a llevarme hasta la parada del autobús, cuando me bajé del carro y me senté a esperar, él seguía allí mirándome, abrió la puerta del carro de nuevo y me llevó hasta donde me dejaba el bus, por primera vez vi en él una pizca de humanidad, de bondad que necesitaba en mi vida.

Esa noche no estaba S. ni Y. el mundo me había abandonado. Seguí caminando mientras recordaba, mientras la ciudad me tragaba en su oscuridad, mientras me consumía en mi propia oscuridad...